Ola de Calor! El mayor Asesino (Juan Farrat Acanda)

Las mayores muertes de Gould en cautiverio es en Verano cuando llegan las Olas de Calor, estas matan más que en invierno.

Cuando las olas de calor llegan a Florida y a otras regiones cálidas, recibo mensajes de criadores que encuentran sus aves muertas sin una explicación aparente. Habían tomado todas las precauciones que parecían lógicas, baños para que se refresquen y colocaron recipientes con agua para “refrescar” el ambiente.

Hicieron exactamente lo que el instinto humano aconseja. Y, paradójicamente, ese instinto puede convertirse en una trampa mortal para las aves.

El termómetro solo cuenta una parte de la historia. Lo que realmente determina si un ave puede sobrevivir a una ola de calor no es únicamente la temperatura, sino la combinación entre temperatura y humedad relativa. Esa combinación se conoce como temperatura de bulbo húmedo, y es el indicador más importante del estrés térmico.

Los mamíferos disponemos de glándulas sudoríparas. Al sudar, el agua se evapora sobre la piel y elimina calor del cuerpo. Las aves no poseen ese mecanismo. Su única herramienta para disipar el exceso de temperatura es el jadeo, abren el pico y aumentan la frecuencia respiratoria para evaporar agua desde las mucosas de las vías respiratorias.

Mientras el aire permanece relativamente seco, con baja humedad, ese sistema funciona. Existe una diferencia de humedad entre el organismo y el aire que permite que el vapor salga del cuerpo. Pero cuando la humedad relativa supera aproximadamente el 75–80 %, esa diferencia prácticamente desaparece. El aire ya está casi saturado de vapor de agua y ya no puede recibir con facilidad el vapor que el ave necesita eliminar para enfriarse. Como consecuencia, el sistema respiratorio debe trabajar mucho más para disipar el calor. Las aves dejan de volar, bajan de las perchas y permanecen inmóviles, jadeando intensamente, con los ojos muy abiertos, en un esfuerzo desesperado por perder calor.

Entonces el ave continúa jadeando, consume más energía, aumenta el trabajo del corazón y de los pulmones, pero ya no logra enfriarse. Su temperatura corporal sigue aumentando hasta provocar un colapso por estrés térmico.

Nosotros mismos podemos percibir ese fenómeno. Un día de calor seco suele ser más tolerable que otro con menos temperatura pero con una humedad sofocante. La diferencia está en la facilidad con que el cuerpo puede liberar calor. Las aves experimentan exactamente el mismo problema, con la desventaja de que dependen por completo del ambiente que nosotros les proporcionamos.

Por eso, colocar recipientes con agua dentro de un cuarto cerrado y sin ventilación puede resultar fatal. El agua, por sí sola, no enfría el ambiente; aumenta la humedad y bloquea el único mecanismo que tienen las aves para perder calor.

La clave no es eliminar la humedad, sino mantener el aire en movimiento.

El principio es el mismo que utiliza el radiador de un automóvil: el agua absorbe calor, pero es el flujo constante de aire el que permite disiparlo. En avicultura ocurre igual. Los sistemas de ventilación tipo túnel, los extractores, los ventiladores y los paneles evaporativos funcionan porque combinan evaporación con circulación continua de aire. Incluso un ventilador haciendo pasar aire sobre hielo puede ser útil, siempre que exista una salida que renueve el ambiente y evite la acumulación de humedad.

La diferencia entre salvar o perder un ave durante una ola de calor suele depender de un detalle aparentemente pequeño, humedad estancada en un recinto cerrado significa peligro; humedad con circulación activa de aire significa enfriamiento.

Las medidas preventivas son sencillas.

  • Mantener siempre una buena ventilación, aunque el aire exterior sea cálido o caliente.
  • Proporcionar agua fresca y limpia de forma permanente… muy importante si es fría a beber.

• Controlar la temperatura y la humedad mediante un termohigrómetro. Cuando ambas son elevadas al mismo tiempo, el riesgo aumenta de forma considerable.

– La foto de la lectura del termómetro que es perfecta.

Muchas aves no mueren durante las horas de mayor temperatura. Mueren después, cuando han pasado varias horas jadeando dentro de un ambiente donde el calor y la humedad se han acumulado silenciosamente. Para entonces, el organismo ya no puede compensar.

El calor no siempre es el enemigo principal.

Muchas veces, el verdadero asesino es un bulbo húmedo demasiado alto.

Cuídelas con información, no solo con buenas intenciones.

» Vamos a dejar este hobby mucho mejor de como lo encontramos.»

Juan Farrat Acanda

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