Tricomoniasis y Candidiasis en el Pichón. Aprender a diferenciar antes de medicar Parte 2 (Juan Farrat Acanda)
En el aviario, muchas veces el primer laboratorio son los ojos del criador. Antes incluso de abrir el pico de un pichón, la piel, el plumón, el olor corporal y la temperatura ya están contando una historia. Aprender a leer esos signos puede ayudarnos a actuar temprano y salvar una nidada.
Dos de las enfermedades digestivas más frecuentes en pichones son la tricomoniasis y la candidiasis. Ambas afectan el buche y debilitan rápidamente al ave, pero su forma de actuar es muy distinta.
1- Antes de seguir
Hay que aclarar algo importante: para saber con seguridad cuál de estas enfermedades está presente, existen pruebas y técnicas específicas que realizan veterinarios o laboratorios. En la tricomoniasis se puede ver el parásito al microscopio en una muestra fresca, y en la candidiasis se confirma la presencia de la levadura mediante estudios simples. Esos son los métodos más confiables.
Lo que explicaremos aquí no sustituye un diagnóstico profesional; es solo una guía práctica basada en años de observación y experiencia, pensada para ayudar al criador a orientarse en esos momentos donde hay que actuar rápido con lo que se tiene a mano.
2- OBSERVACIONES DIFERENCIALES
-TRICOMONIASIS
Piel oscura, inflamación alta y olor fétido.
La tricomoniasis es causada por Trichomonas, un protozoario parásito que ataca la boca, garganta, esófago y buche. Cuando avanza, el organismo entra en un fuerte estado inflamatorio y el pichón se deteriora muy rápido.
Uno de los signos más llamativos es la piel oscura o violácea. Sobre el buche se puede observar la vena yugular inflamada y oscura. Ese color aparece porque la circulación empieza a fallar y los tejidos reciben menos oxígeno.
El pichón pierde vitalidad, adopta posiciones extrañas, estira el cuello, no abre bien el pico y se mueve inquieto entre los hermanos. En los días siguientes aparece el típico aspecto apagado que muchos criadores con experiencia reconocen de inmediato.
También es común notar un olor muy desagradable. No viene de la piel, sino del buche y de las lesiones internas, pero termina impregnando el plumón. Muchos lo describen como un olor fétido o necrótico que se percibe apenas se toma el pichón en la mano.
La evolución suele ser rápida. En 24 a 72 horas, un pichón puede pasar de estar activo a mostrar un colapso evidente.
-CANDIDIASIS
Piel fría, húmeda y pegajosa.
La candidiasis está causada por Candida, una levadura oportunista que aprovecha momentos de debilidad digestiva para multiplicarse. Aparece frecuentemente después de antibióticos, fermentación del alimento o problemas de buche lento.
Aquí el deterioro suele ser más silencioso. El pichón no cae de golpe. Primero crece menos, pierde fuerza y el cuerpo entra lentamente en un estado de mala absorción.
El signo más característico es la piel fría al tacto. El organismo pierde capacidad de producir calor y el pichón se siente diferente al compararlo con los hermanos sanos del mismo nido.
El plumón suele verse húmedo y pegajoso. La fermentación del alimento y las pequeñas regurgitaciones contaminan la piel y dejan esa textura empastada que muchos criadores reconocen enseguida.
El olor suele ser agrio, ácido o dulzón, parecido al alimento fermentado. Algo muy llamativo es la presencia de heces blancas y pegajosas alrededor del ano. En esta enfermedad, el compromiso intestinal suele hacerse muy evidente.
A veces el cuadro no aparece tan claro. La piel no está tan oscura, el olor no es tan definido y los síntomas se mezclan. En esos casos, lo más honesto es no apurarse.
3- El error más común
Muchos criadores, ante cualquier lesión en el pico, el buche o una disminución del crecimiento, van directo al metronidazol. Muchos ya conocen el tratamiento, tienen el producto a mano y lo usan casi por costumbre.
El problema es que el metronidazol no actúa sobre la cándida. Si el problema no es tricomoniasis, el medicamento no resolverá nada, y mientras tanto la levadura seguirá avanzando y deteriorando el buche.
Lo mismo ocurre al revés: tratar una tricomoniasis con nistatina es tiempo perdido.
El tratamiento equivocado no es neutro. Agrava.
El objetivo de este artículo es justamente ayudar a diferenciar cuándo intervenir y con qué lógica hacerlo.
Nadie espera que el criador tenga un laboratorio dentro del aviario. Pero sí puede tener ojos entrenados, manos que reconocen una piel fría y una nariz capaz de distinguir un olor fétido de uno ácido. Y también aprender a observar las heces. Con los años, esa experiencia puede llegar a valer tanto como un microscopio.
El tratamiento y las experiencias prácticas quedarán para el próximo artículo. Primero era necesario entender estas diferencias y aprender a observar.
Vamos a dejar este hobby mejor de como lo encontramos.
Juan Farrat Acanda